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El Sueño Infantil por Mayka Muñoz

EL SUEÑO INFANTIL
FASES DEL SUEÑO
1-. COMO DUERMEN LOS ADULTOS: A medida que usted cae dormido, sus centros cerebrales superiores comienzan a descansar, permitiéndole entrar en una fase de sueño profundo llamada fase NO-REM (REM = movimientos oculares rápidos). Su cuerpo y mente están relajados durante este periodo de sueño, su cuerpo está quieto, su respiración es pausada y regular, sus músculos están flojos. Después de aproximadamente una hora y media en este estado de sueño, su cerebro comienza a despertar y trabajar, lo que le saca a usted del sueño profundo, y pasa a una fase de sueño ligero o activo, llamado sueño REM. Durante esta fase, sus ojos se mueven bajo los párpados, mientras su cerebro trabaja. Usted sueña, se da vueltas y puede incluso colocar las mantas, sin despertarse por completo. Es durante esta fase cuando usted puede despertarse por completo para, por ejemplo, ir al baño, y luego volver a la cama y volver a dormirse. Estos ciclos se alternan cada dos horas a lo largo de la noche, de forma que un adulto medio duerme unas 6 horas en sueño profundo y 2 en sueño ligero a lo largo de la noche.
2-. COMO ENTRAN LOS NIÑOS EN EL SUEÑO: Mientras los adultos entramos directamente en la fase de sueño profundo, los niños en los primeros meses entran primero en una fase de sueño superficial. Y tras 20 minutos o más, gradualmente entran en fase de sueño profundo, del cual ya no es tan fácil despertarles. Alrededor de una hora después de haberse ido a dormir, el bebé comienza a estirarse y moverse. Sus párpados aletean, hace muecas, respira de forma irregular y los músculos se tensan. Está volviendo a entrar en una fase de sueño ligero. El tiempo de pasar del sueño profundo al ligero es un periodo vulnerable del sueño, en el que muchos bebés se despiertan si alguna circunstancia les preocupa o incomoda (como el hambre). Si el bebé no se despierta, pasará por esta fase de sueño ligero durante los siguientes 10 minutos y posteriormente entrará de nuevo en el sueño profundo. Los ciclos de sueño de los adultos duran una media de 90 minutos, los de los niños son más cortos (50-60 minutos) así que tienen un periodo de sueño vulnerable cada hora o menos.
Hay algunos niños que pueden pasar este periodo sin despertarse, o que, si se despiertan, pueden relajarse ellos mismos para volverse a dormir. De estos simples hechos sobre el sueño, se deduce que uno de los objetivos de los padres por la noche es crear un entorno para dormir que ayude al bebé a pasar estos periodos vulnerables sin despertarse, para que entre de nuevo en la fase de sueño profundo. Características normales del sueño infantil



El sueño infantil no es un proceso uniforme y depende de la adaptación al medio, de la maduración cerebral y del aprendizaje. Se distinguen diferentes patrones de sueño en relación con la edad, que a continuación describimos:
A) El sueño fetal: no tiene relación con los ritmos circadianos de día y noche por ausencia del contacto con la luz.
B) El sueño del recién nacido y lactante hasta los tres meses: el sueño representa el 70% del tiempo de 24 horas frente al 25% del adulto, con facilidad para el adormecimiento, siendo su mayor actividad el despertarse únicamente para realizar funciones vitales o por estímulos externos que le incomodan. El sueño dura entre 16-18 horas con un ciclo sueño vigilia de 30-40 minutos. Se observan tres fases de sueño: un sueño activo en el que se producen movimientos oculares rápidos, pérdida de tono muscular y movimientos corporales fásicos, un sueño tranquilo que se caracteriza por inmovilidad, puños cerrados y aislados sobresaltos y el sueño transicional entre las dos fases, sobre todo tras el periodo activo.
Conforme se va desarrollando la corteza cerebral del niño el periodo de vigilia aumentará su porcentaje y con ello una mayor capacidad para relacionarse con su entorno. Esta interacción será determinante para la evolución posterior, de tal manera que los recién nacidos y lactantes que mantienen una situación de sueño inalterada e indiferente con cierta independencia a su cronología puede indicar que padece una encefalopatía.
Alrededor del segundo mes el sueño tranquilo comienza a tener mayor presencia apareciendo el sueño activo hacia el último tercio de la noche.
El sueño se va desplazando hacia la noche, por lo que en el tercer mes el sueño nocturno será de unas nueve horas y el diurno de cinco.
C) El sueño de los tres meses al año de vida: al final del primer trimestre de vida del lactante, periodo determinante de la estructuración del sueño posterior, se ha tenido que lograr una situación en su patrón de sueño caracterizada por:
- En el sueño activo existirán variaciones en la frecuencia respiratoria, sacudidas o breves movimientos corporales, al menos un movimiento ocular que no coincide con movimiento corporal. La primera sonrisa aparece en este sueño hacia el tercer mes.
- En el sueño tranquilo no existe más de un movimiento ocular, los ojos están cerrados, se mantiene el tono muscular, sin francas variaciones de la frecuencia respiratoria.
A partir de los seis meses se empiezan a diferenciar claramente las fases de sueño lento o no REM.
D) Evolución desde el año hasta los seis años: a diferencia del primer año de vida los cambios son más graduales, consolidándose un sueño nocturno de unas diez horas, mientras que el diurno (2-3 horas) consta de dos siestas, una a media mañana que pronto desaparece y la segunda a primera hora de la tarde que suele coincidir con la toma de alimento y que se mantendrá hasta los 5-6 años. A partir de los dos años aparecen las primeras manifestaciones de orden psíquico tales como las pesadillas y es a partir de esta época cuando comienzan los ensueños.
E) De los seis a los doce años: el sueño de un niño de 6-12 años comienza a ser semejante al del adulto. Los ensueños a estas edades se caracterizan por una participación del niño en los procesos soñados, generalmente en relación con actividades personales como las escuelas, amistades y familia, siendo influidos por la televisión y el cine.
Trastornos característicos del sueño infantil
Los trastornos del sueño junto con los alimentarios son un problema bastante frecuente en la consulta sobre todo en niños menores de 2 años de edad. Aproximadamente un 15-25% de los niños de estas edades presentan trastornos del sueño. La situación se puede presentar incluso en los bebés de pocos meses de vida y que habitualmente son nerviosos y/o producto de familias también nerviosas que le han estimulado de forma incorrecta al niño. Se pueden presentar también en niños a quienes siempre se les ha habituado a dormir con recursos tales como cogerles de la mano, mecerles vigorosamente la cuna o estar con él en la habitación hasta que se duerman.
El sueño puede experimentar cambios de gran importancia debido a su repercusión en el niño (aumento de la irritabilidad, disminución de la atención) y en el medio ambiente del entorno familiar, como separación de la pareja adulta para dormir con el hijo, acostar el hijo en la cama de los padres, o perturbar el sueño de los padres. El niño que no duerme crea a su alrededor un estado de ansiedad que se multiplica día a día de manera que los padres temen la llegada de la noche y su propia ansiedad les hace incurrir en errores y claudicaciones; su mal humor e irritabilidad revierte en el niño, lo cual aumenta su ansiedad cerrándose así el círculo vicioso.
A continuación explicaremos en qué consisten los distintos trastornos del sueño:
A) Disomnias: alteraciones en la cantidad del sueño. Se puede definir como dificultad para conciliar el sueño, insomnio, o para mantenerse despierto, hipersomnia.
El insomnio puede comenzar desde los dos años de edad en adelante. Puede ser total (el niño no duerme nada prácticamente en 24 horas) o parcial, esto último lo más frecuente considerado como un acortamiento del tiempo habitual del sueño. Las causas más frecuentes son las orgánicas como dolor de oídos secundario a otitis, dolor abdominal producido por parásitos intestinales. En ocasiones algún alimento como el cacao puede alterar el sueño. Algunos medicamentos pueden interferir el patrón de sueño. Trastornos en el ambiente del niño, escuela, familia pueden también alterar su sueño. Conductas adecuadas en los padres y la modificación de los factores anteriores conllevan a la normalización del sueño sin ser necesario intervención terapéutica.
La hipersomnia es rara en la infancia y generalmente se asocia a alteraciones del sistema nervioso central.
B) Parasomnias: alteraciones en la calidad del sueño. Se producen durante el sueño y afectan a sus diferentes fases.
Alucinaciones hipnagógicas: la palabra hipnagógica expresa una situación entre la vigilia y el sueño. Se presentan en la fase 3 y 4 del sueño profundo no REM. Son frecuentes en niños de 6-15 años. Las alucinaciones más comunes son de tipo visual o de carácter auditivo. Tienen relación con vivencias del día anterior como películas, lecturas, televisión... Por lo general no se guarda recuerdo de la misma al despertar.
Bruxismo: se caracteriza por un rechinamiento de dientes en todas las fases del sueño pero especialmente en la fase 2 del sueño no REM. Ocasionalmente es intenso y audible a distancia. Desgasta los dientes, especialmente los molares.
Mioclonias de adormecimiento: Aparecen en el momento de entrada al sueño y desaparecen en la fase profunda. Son contracturas musculares no reprimibles por el control voluntario, breves, rápidas, inesperadas, que afectan al cuerpo entero y producen sensación de caída. Si la sacudida muscular es masiva pueden llegar a despertar al niño y provocarle llanto debido al susto. Aparece de forma habitual hacia los tres años y suelen desaparecer en la adolescencia.
Ritmias del adormecimiento: se denominan también ritmias nocturnas o "jactacio capitis". Aparecen sobre todo al dormirse en fase 1 no REM, como los anteriores. Se ven a partir de los 2 años. Son movimientos de la cabeza que va y viene de un lado a otro en un niño acostado boca arriba, que a menudo acompaña a movimiento con un canturreo. Variantes de la misma son balanceo de todo el cuerpo, vaivén de delante a atrás estando el niño a gatas y que incluso golpea regularmente la cabeza contra la cabecera de la cama o mueve la propia cama hasta chocar contra la pared. Tienden a desaparecer sin más al final del 2º-3º año de vida.
Sonambulismo: ambulación nocturna, inconsciente, recidivante y no recordable que se produce durante las fases 3-4 de sueño no REM, habitualmente en el primer ciclo de la noche. El niño sin despertarse, se sienta en la cama o se levanta, pronuncia palabras incoherentes, tiene la mirada fija y los ojos abiertos, siendo difícil hablar, contactar con él o despertarle. Pueden salir de la habitación o de la casa, con el riesgo que esto conlleva. El episodio dura como máximo 30 minutos, volviendo después a la cama y seguir posteriormente con sueño profundo. Hacia los 20 años suele desaparecer sin ninguna intervención terepéutica. No precisan tratamiento salvo en aquellas situaciones que suponga un estrés familiar, cuando se autolesionen o cuando interfiera con su rendimiento en estado de vigilia.
Somniloquia: frecuentemente se asocia a sonambulismo. Se pronuncian palabras o frases incoherentes, casi siempre relacionadas con vivencias del día anterior. No hay una agitación manifiesta. Desaparecen normalmente durante la pubertad.
Terrores nocturnos: también aparecen en las primeras horas de sueño al final de la fase 4 no REM. El despertar es brusco, con un grito de pánico. El niño se sienta en la cama atemorizado ansioso y con aspecto alucinado. Frecuentemente suda, está pálido, respira agitadamente y está taquicárdico. Tras unos minutos, cae abatido y se duerme tranquilamente no recordando nada al día siguiente. Es más frecuente en niños entre los 2-12 años y no se relaciona con sucesos ambientales. Se soluciona espontáneamente y no precisa tratamiento médico.
Pesadillas: son ensoñaciones en la fase de sueño REM y por tanto recordadas durante la vigilia. Son más frecuentes a partir de los dos años de edad. Se relacionan con situaciones amenazantes de películas, brujas, monstruos, ... Los pequeños no saben distinguir el sueño de la realidad con lo cual puede suponer un rechazo para irse a la cama.
C) Trastornos funcionales de la conducta del sueño: son trastornos de adormecimiento que acontecen en las siguientes situaciones:
Rechazo o negativa de irse a la cama: el niño siente miedo cuando llega la hora de irse a la cama y recurre a excusas para retrasar el momento. Se presenta entre 1-6 años. Su fundamento parece estar en la "angustia de separación" de sus seres queridos o miedo a la oscuridad. En muchas ocasiones demandan que los padres les acompañen y organicen rituales manipulando así el ambiente. Una actitud de firmeza afectiva, el acortamiento de las siestas durante el día y el mantenimiento de un horario regular al acostarse son las medidas mas adecuadas para evitarlo.
Rituales al acostarse: el niño suelo tomar algún objeto como amuleto sin el cual no puede dormir, apagar la luz, bajar las persianas, son algunas de las "manías" conocidas. Estos niños pueden llegar a ser muy tiranos con sus madres.
Práctica de buenos hábitos para que los niños adquieran un adecuado patrón de sueño
- Acostar al niño temprano, antes que esté demasiado agitado o cansado y levantarlo temprano; mantener horarios regulares tanto al acostarlo como al levantarlo.
- No apresurarse a la hora de dormir y pasar junto al niño un rato tranquilo antes y después de meterlo en la cama.
- La hora de acostarse debe convertirse en una rutina, un ritual o hábito.
- Mantener la habitación a una temperatura agradable, alrededor de 18º C.
- Asegurarse que el niño esté limpio, con ropa cómoda, sin hambre ni sed.
- Puede cantarse una nana, leerle o contarle una historia, hablarle con dulzura. No importa que entienda o no el significado de las palabras.
- Nunca ridiculizar los miedos del niño y, si los tiene, quedarse con él en la habitación un rato; puede sentirse mejor con una lamparita encendida o la puerta entornada para que pueda oír los ruidos familiares.
- Procurar que la siesta no se prolongue en exceso.
- Un baño antes de acostarle predispone a la relajación.
- Si no quiere dormir o empieza a llorar, dejarle un rato, unos minutos. En caso de no cesar, nos acercaríamos con serenidad y sin tensión a atenderle.
- No hay inconveniente en que a algunos niños nerviosos se les administre infusiones relajantes sin azúcares añadidos que se pueden encontrar en farmacias o herbolarios.
- Si se despierta por la noche, acudiremos a su demanda sin llegar a cogerlo.
¿Qué no debemos hacer para evitar trastornos en el patrón de sueño?
- Ser excesivamente rígidos con los horarios de acostarse.
- Abrigarle en exceso.
- Darle demasiados alimentos por la noche.
- Perder la paciencia si no consigue dormirse enseguida.
- Prolongar los mimos hasta el infinito.
- Convertir la cama de los padres en consuelo o premio en caso de despertarse por la noche.
Existen una serie de normas higiénicas para mejorar el sueño. Unicamente mencionar que el tratamiento farmacológico puede ser usado en última instancia en casos rebeldes, siempre supervisado por un pediatra, y cuando se hayan agotado las medidas no farmacológicas, incluidas las técnicas de terapia conductal. Existen en el mercado varias y buenas publicaciones que sería aconsejable que los padres leyeran en caso necesario pudiéndoles servir de gran ayuda.
Lecturas aconsejables: Dr. Eduard Estivill y Sylvia de Béjar. "Duérmete niño". Editorial Plaza-Janés
Características normales del sueño infantil
El sueño infantil no es un proceso uniforme y depende de la adaptación al medio, de la maduración cerebral y del aprendizaje. Se distinguen diferentes patrones de sueño en relación con la edad, que a continuación describimos:
A) El sueño fetal: no tiene relación con los ritmos circadianos de día y noche por ausencia del contacto con la luz.
B) El sueño del recién nacido y lactante hasta los tres meses: el sueño representa el 70% del tiempo de 24 horas frente al 25% del adulto, con facilidad para el adormecimiento, siendo su mayor actividad el despertarse únicamente para realizar funciones vitales o por estímulos externos que le incomodan. El sueño dura entre 16-18 horas con un ciclo sueño vigilia de 30-40 minutos. Se observan tres fases de sueño: un sueño activo en el que se producen movimientos oculares rápidos, pérdida de tono muscular y movimientos corporales fásicos, un sueño tranquilo que se caracteriza por inmovilidad, puños cerrados y aislados sobresaltos y el sueño transicional entre las dos fases, sobre todo tras el periodo activo.
Conforme se va desarrollando la corteza cerebral del niño el periodo de vigilia aumentará su porcentaje y con ello una mayor capacidad para relacionarse con su entorno. Esta interacción será determinante para la evolución posterior, de tal manera que los recién nacidos y lactantes que mantienen una situación de sueño inalterada e indiferente con cierta independencia a su cronología puede indicar que padece una encefalopatía.
Alrededor del segundo mes el sueño tranquilo comienza a tener mayor presencia apareciendo el sueño activo hacia el último tercio de la noche.
El sueño se va desplazando hacia la noche, por lo que en el tercer mes el sueño nocturno será de unas nueve horas y el diurno de cinco.
C) El sueño de los tres meses al año de vida: al final del primer trimestre de vida del lactante, periodo determinante de la estructuración del sueño posterior, se ha tenido que lograr una situación en su patrón de sueño caracterizada por:
- En el sueño activo existirán variaciones en la frecuencia respiratoria, sacudidas o breves movimientos corporales, al menos un movimiento ocular que no coincide con movimiento corporal. La primera sonrisa aparece en este sueño hacia el tercer mes.
- En el sueño tranquilo no existe más de un movimiento ocular, los ojos están cerrados, se mantiene el tono muscular, sin francas variaciones de la frecuencia respiratoria.
A partir de los seis meses se empiezan a diferenciar claramente las fases de sueño lento o no REM.
D) Evolución desde el año hasta los seis años: a diferencia del primer año de vida los cambios son más graduales, consolidándose un sueño nocturno de unas diez horas, mientras que el diurno (2-3 horas) consta de dos siestas, una a media mañana que pronto desaparece y la segunda a primera hora de la tarde que suele coincidir con la toma de alimento y que se mantendrá hasta los 5-6 años. A partir de los dos años aparecen las primeras manifestaciones de orden psíquico tales como las pesadillas y es a partir de esta época cuando comienzan los ensueños.
E) De los seis a los doce años: el sueño de un niño de 6-12 años comienza a ser semejante al del adulto. Los ensueños a estas edades se caracterizan por una participación del niño en los procesos soñados, generalmente en relación con actividades personales como las escuelas, amistades y familia, siendo influidos por la televisión y el cine.
Trastornos característicos del sueño infantil
Los trastornos del sueño junto con los alimentarios son un problema bastante frecuente en la consulta sobre todo en niños menores de 2 años de edad. Aproximadamente un 15-25% de los niños de estas edades presentan trastornos del sueño. La situación se puede presentar incluso en los bebés de pocos meses de vida y que habitualmente son nerviosos y/o producto de familias también nerviosas que le han estimulado de forma incorrecta al niño. Se pueden presentar también en niños a quienes siempre se les ha habituado a dormir con recursos tales como cogerles de la mano, mecerles vigorosamente la cuna o estar con él en la habitación hasta que se duerman.
El sueño puede experimentar cambios de gran importancia debido a su repercusión en el niño (aumento de la irritabilidad, disminución de la atención) y en el medio ambiente del entorno familiar, como separación de la pareja adulta para dormir con el hijo, acostar el hijo en la cama de los padres, o perturbar el sueño de los padres. El niño que no duerme crea a su alrededor un estado de ansiedad que se multiplica día a día de manera que los padres temen la llegada de la noche y su propia ansiedad les hace incurrir en errores y claudicaciones; su mal humor e irritabilidad revierte en el niño, lo cual aumenta su ansiedad cerrándose así el círculo vicioso.
A continuación explicaremos en qué consisten los distintos trastornos del sueño:
A) Disomnias: alteraciones en la cantidad del sueño. Se puede definir como dificultad para conciliar el sueño, insomnio, o para mantenerse despierto, hipersomnia.
El insomnio puede comenzar desde los dos años de edad en adelante. Puede ser total (el niño no duerme nada prácticamente en 24 horas) o parcial, esto último lo más frecuente considerado como un acortamiento del tiempo habitual del sueño. Las causas más frecuentes son las orgánicas como dolor de oídos secundario a otitis, dolor abdominal producido por parásitos intestinales. En ocasiones algún alimento como el cacao puede alterar el sueño. Algunos medicamentos pueden interferir el patrón de sueño. Trastornos en el ambiente del niño, escuela, familia pueden también alterar su sueño. Conductas adecuadas en los padres y la modificación de los factores anteriores conllevan a la normalización del sueño sin ser necesario intervención terapéutica.
La hipersomnia es rara en la infancia y generalmente se asocia a alteraciones del sistema nervioso central.
B) Parasomnias: alteraciones en la calidad del sueño. Se producen durante el sueño y afectan a sus diferentes fases.
Alucinaciones hipnagógicas: la palabra hipnagógica expresa una situación entre la vigilia y el sueño. Se presentan en la fase 3 y 4 del sueño profundo no REM. Son frecuentes en niños de 6-15 años. Las alucinaciones más comunes son de tipo visual o de carácter auditivo. Tienen relación con vivencias del día anterior como películas, lecturas, televisión... Por lo general no se guarda recuerdo de la misma al despertar.
Bruxismo: se caracteriza por un rechinamiento de dientes en todas las fases del sueño pero especialmente en la fase 2 del sueño no REM. Ocasionalmente es intenso y audible a distancia. Desgasta los dientes, especialmente los molares.
Mioclonias de adormecimiento: Aparecen en el momento de entrada al sueño y desaparecen en la fase profunda. Son contracturas musculares no reprimibles por el control voluntario, breves, rápidas, inesperadas, que afectan al cuerpo entero y producen sensación de caída. Si la sacudida muscular es masiva pueden llegar a despertar al niño y provocarle llanto debido al susto. Aparece de forma habitual hacia los tres años y suelen desaparecer en la adolescencia.
Ritmias del adormecimiento: se denominan también ritmias nocturnas o "jactacio capitis". Aparecen sobre todo al dormirse en fase 1 no REM, como los anteriores. Se ven a partir de los 2 años. Son movimientos de la cabeza que va y viene de un lado a otro en un niño acostado boca arriba, que a menudo acompaña a movimiento con un canturreo. Variantes de la misma son balanceo de todo el cuerpo, vaivén de delante a atrás estando el niño a gatas y que incluso golpea regularmente la cabeza contra la cabecera de la cama o mueve la propia cama hasta chocar contra la pared. Tienden a desaparecer sin más al final del 2º-3º año de vida.
Sonambulismo: ambulación nocturna, inconsciente, recidivante y no recordable que se produce durante las fases 3-4 de sueño no REM, habitualmente en el primer ciclo de la noche. El niño sin despertarse, se sienta en la cama o se levanta, pronuncia palabras incoherentes, tiene la mirada fija y los ojos abiertos, siendo difícil hablar, contactar con él o despertarle. Pueden salir de la habitación o de la casa, con el riesgo que esto conlleva. El episodio dura como máximo 30 minutos, volviendo después a la cama y seguir posteriormente con sueño profundo. Hacia los 20 años suele desaparecer sin ninguna intervención terepéutica. No precisan tratamiento salvo en aquellas situaciones que suponga un estrés familiar, cuando se autolesionen o cuando interfiera con su rendimiento en estado de vigilia.
Somniloquia: frecuentemente se asocia a sonambulismo. Se pronuncian palabras o frases incoherentes, casi siempre relacionadas con vivencias del día anterior. No hay una agitación manifiesta. Desaparecen normalmente durante la pubertad.
Terrores nocturnos: también aparecen en las primeras horas de sueño al final de la fase 4 no REM. El despertar es brusco, con un grito de pánico. El niño se sienta en la cama atemorizado ansioso y con aspecto alucinado. Frecuentemente suda, está pálido, respira agitadamente y está taquicárdico. Tras unos minutos, cae abatido y se duerme tranquilamente no recordando nada al día siguiente. Es más frecuente en niños entre los 2-12 años y no se relaciona con sucesos ambientales. Se soluciona espontáneamente y no precisa tratamiento médico.
Pesadillas: son ensoñaciones en la fase de sueño REM y por tanto recordadas durante la vigilia. Son más frecuentes a partir de los dos años de edad. Se relacionan con situaciones amenazantes de películas, brujas, monstruos, ... Los pequeños no saben distinguir el sueño de la realidad con lo cual puede suponer un rechazo para irse a la cama.
C) Trastornos funcionales de la conducta del sueño: son trastornos de adormecimiento que acontecen en las siguientes situaciones:
Rechazo o negativa de irse a la cama: el niño siente miedo cuando llega la hora de irse a la cama y recurre a excusas para retrasar el momento. Se presenta entre 1-6 años. Su fundamento parece estar en la "angustia de separación" de sus seres queridos o miedo a la oscuridad. En muchas ocasiones demandan que los padres les acompañen y organicen rituales manipulando así el ambiente. Una actitud de firmeza afectiva, el acortamiento de las siestas durante el día y el mantenimiento de un horario regular al acostarse son las medidas mas adecuadas para evitarlo.
Rituales al acostarse: el niño suelo tomar algún objeto como amuleto sin el cual no puede dormir, apagar la luz, bajar las persianas, son algunas de las "manías" conocidas. Estos niños pueden llegar a ser muy tiranos con sus madres.
Práctica de buenos hábitos para que los niños adquieran un adecuado patrón de sueño
- Acostar al niño temprano, antes que esté demasiado agitado o cansado y levantarlo temprano; mantener horarios regulares tanto al acostarlo como al levantarlo.
- No apresurarse a la hora de dormir y pasar junto al niño un rato tranquilo antes y después de meterlo en la cama.
- La hora de acostarse debe convertirse en una rutina, un ritual o hábito.
- Mantener la habitación a una temperatura agradable, alrededor de 18º C.
- Asegurarse que el niño esté limpio, con ropa cómoda, sin hambre ni sed.
- Puede cantarse una nana, leerle o contarle una historia, hablarle con dulzura. No importa que entienda o no el significado de las palabras.
- Nunca ridiculizar los miedos del niño y, si los tiene, quedarse con él en la habitación un rato; puede sentirse mejor con una lamparita encendida o la puerta entornada para que pueda oír los ruidos familiares.
- Procurar que la siesta no se prolongue en exceso.
- Un baño antes de acostarle predispone a la relajación.
- Si no quiere dormir o empieza a llorar, dejarle un rato, unos minutos. En caso de no cesar, nos acercaríamos con serenidad y sin tensión a atenderle.
- No hay inconveniente en que a algunos niños nerviosos se les administre infusiones relajantes sin azúcares añadidos que se pueden encontrar en farmacias o herbolarios.
- Si se despierta por la noche, acudiremos a su demanda sin llegar a cogerlo.
¿Qué no debemos hacer para evitar trastornos en el patrón de sueño?
- Ser excesivamente rígidos con los horarios de acostarse.
- Abrigarle en exceso.
- Darle demasiados alimentos por la noche.
- Perder la paciencia si no consigue dormirse enseguida.
- Prolongar los mimos hasta el infinito.
- Convertir la cama de los padres en consuelo o premio en caso de despertarse por la noche.
Existen una serie de normas higiénicas para mejorar el sueño. Unicamente mencionar que el tratamiento farmacológico puede ser usado en última instancia en casos rebeldes, siempre supervisado por un pediatra, y cuando se hayan agotado las medidas no farmacológicas, incluidas las técnicas de terapia conductal. Existen en el mercado varias y buenas publicaciones que sería aconsejable que los padres leyeran en caso necesario pudiéndoles servir de gran ayuda.
Lecturas aconsejables: Dr. Eduard Estivill y Sylvia de Béjar. "Duérmete niño". Editorial Plaza-Janés
Características normales del sueño infantil
El sueño infantil no es un proceso uniforme y depende de la adaptación al medio, de la maduración cerebral y del aprendizaje. Se distinguen diferentes patrones de sueño en relación con la edad, que a continuación describimos:
A) El sueño fetal: no tiene relación con los ritmos circadianos de día y noche por ausencia del contacto con la luz.
B) El sueño del recién nacido y lactante hasta los tres meses: el sueño representa el 70% del tiempo de 24 horas frente al 25% del adulto, con facilidad para el adormecimiento, siendo su mayor actividad el despertarse únicamente para realizar funciones vitales o por estímulos externos que le incomodan. El sueño dura entre 16-18 horas con un ciclo sueño vigilia de 30-40 minutos. Se observan tres fases de sueño: un sueño activo en el que se producen movimientos oculares rápidos, pérdida de tono muscular y movimientos corporales fásicos, un sueño tranquilo que se caracteriza por inmovilidad, puños cerrados y aislados sobresaltos y el sueño transicional entre las dos fases, sobre todo tras el periodo activo.
Conforme se va desarrollando la corteza cerebral del niño el periodo de vigilia aumentará su porcentaje y con ello una mayor capacidad para relacionarse con su entorno. Esta interacción será determinante para la evolución posterior, de tal manera que los recién nacidos y lactantes que mantienen una situación de sueño inalterada e indiferente con cierta independencia a su cronología puede indicar que padece una encefalopatía.
Alrededor del segundo mes el sueño tranquilo comienza a tener mayor presencia apareciendo el sueño activo hacia el último tercio de la noche.
El sueño se va desplazando hacia la noche, por lo que en el tercer mes el sueño nocturno será de unas nueve horas y el diurno de cinco.
C) El sueño de los tres meses al año de vida: al final del primer trimestre de vida del lactante, periodo determinante de la estructuración del sueño posterior, se ha tenido que lograr una situación en su patrón de sueño caracterizada por:
- En el sueño activo existirán variaciones en la frecuencia respiratoria, sacudidas o breves movimientos corporales, al menos un movimiento ocular que no coincide con movimiento corporal. La primera sonrisa aparece en este sueño hacia el tercer mes.
- En el sueño tranquilo no existe más de un movimiento ocular, los ojos están cerrados, se mantiene el tono muscular, sin francas variaciones de la frecuencia respiratoria.
A partir de los seis meses se empiezan a diferenciar claramente las fases de sueño lento o no REM.
D) Evolución desde el año hasta los seis años: a diferencia del primer año de vida los cambios son más graduales, consolidándose un sueño nocturno de unas diez horas, mientras que el diurno (2-3 horas) consta de dos siestas, una a media mañana que pronto desaparece y la segunda a primera hora de la tarde que suele coincidir con la toma de alimento y que se mantendrá hasta los 5-6 años. A partir de los dos años aparecen las primeras manifestaciones de orden psíquico tales como las pesadillas y es a partir de esta época cuando comienzan los ensueños.
E) De los seis a los doce años: el sueño de un niño de 6-12 años comienza a ser semejante al del adulto. Los ensueños a estas edades se caracterizan por una participación del niño en los procesos soñados, generalmente en relación con actividades personales como las escuelas, amistades y familia, siendo influidos por la televisión y el cine.
Trastornos característicos del sueño infantil
Los trastornos del sueño junto con los alimentarios son un problema bastante frecuente en la consulta sobre todo en niños menores de 2 años de edad. Aproximadamente un 15-25% de los niños de estas edades presentan trastornos del sueño. La situación se puede presentar incluso en los bebés de pocos meses de vida y que habitualmente son nerviosos y/o producto de familias también nerviosas que le han estimulado de forma incorrecta al niño. Se pueden presentar también en niños a quienes siempre se les ha habituado a dormir con recursos tales como cogerles de la mano, mecerles vigorosamente la cuna o estar con él en la habitación hasta que se duerman.
El sueño puede experimentar cambios de gran importancia debido a su repercusión en el niño (aumento de la irritabilidad, disminución de la atención) y en el medio ambiente del entorno familiar, como separación de la pareja adulta para dormir con el hijo, acostar el hijo en la cama de los padres, o perturbar el sueño de los padres. El niño que no duerme crea a su alrededor un estado de ansiedad que se multiplica día a día de manera que los padres temen la llegada de la noche y su propia ansiedad les hace incurrir en errores y claudicaciones; su mal humor e irritabilidad revierte en el niño, lo cual aumenta su ansiedad cerrándose así el círculo vicioso.
A continuación explicaremos en qué consisten los distintos trastornos del sueño:
A) Disomnias: alteraciones en la cantidad del sueño. Se puede definir como dificultad para conciliar el sueño, insomnio, o para mantenerse despierto, hipersomnia.
El insomnio puede comenzar desde los dos años de edad en adelante. Puede ser total (el niño no duerme nada prácticamente en 24 horas) o parcial, esto último lo más frecuente considerado como un acortamiento del tiempo habitual del sueño. Las causas más frecuentes son las orgánicas como dolor de oídos secundario a otitis, dolor abdominal producido por parásitos intestinales. En ocasiones algún alimento como el cacao puede alterar el sueño. Algunos medicamentos pueden interferir el patrón de sueño. Trastornos en el ambiente del niño, escuela, familia pueden también alterar su sueño. Conductas adecuadas en los padres y la modificación de los factores anteriores conllevan a la normalización del sueño sin ser necesario intervención terapéutica.
La hipersomnia es rara en la infancia y generalmente se asocia a alteraciones del sistema nervioso central.
B) Parasomnias: alteraciones en la calidad del sueño. Se producen durante el sueño y afectan a sus diferentes fases.
Alucinaciones hipnagógicas: la palabra hipnagógica expresa una situación entre la vigilia y el sueño. Se presentan en la fase 3 y 4 del sueño profundo no REM. Son frecuentes en niños de 6-15 años. Las alucinaciones más comunes son de tipo visual o de carácter auditivo. Tienen relación con vivencias del día anterior como películas, lecturas, televisión... Por lo general no se guarda recuerdo de la misma al despertar.
Bruxismo: se caracteriza por un rechinamiento de dientes en todas las fases del sueño pero especialmente en la fase 2 del sueño no REM. Ocasionalmente es intenso y audible a distancia. Desgasta los dientes, especialmente los molares.
Mioclonias de adormecimiento: Aparecen en el momento de entrada al sueño y desaparecen en la fase profunda. Son contracturas musculares no reprimibles por el control voluntario, breves, rápidas, inesperadas, que afectan al cuerpo entero y producen sensación de caída. Si la sacudida muscular es masiva pueden llegar a despertar al niño y provocarle llanto debido al susto. Aparece de forma habitual hacia los tres años y suelen desaparecer en la adolescencia.
Ritmias del adormecimiento: se denominan también ritmias nocturnas o "jactacio capitis". Aparecen sobre todo al dormirse en fase 1 no REM, como los anteriores. Se ven a partir de los 2 años. Son movimientos de la cabeza que va y viene de un lado a otro en un niño acostado boca arriba, que a menudo acompaña a movimiento con un canturreo. Variantes de la misma son balanceo de todo el cuerpo, vaivén de delante a atrás estando el niño a gatas y que incluso golpea regularmente la cabeza contra la cabecera de la cama o mueve la propia cama hasta chocar contra la pared. Tienden a desaparecer sin más al final del 2º-3º año de vida.
Sonambulismo: ambulación nocturna, inconsciente, recidivante y no recordable que se produce durante las fases 3-4 de sueño no REM, habitualmente en el primer ciclo de la noche. El niño sin despertarse, se sienta en la cama o se levanta, pronuncia palabras incoherentes, tiene la mirada fija y los ojos abiertos, siendo difícil hablar, contactar con él o despertarle. Pueden salir de la habitación o de la casa, con el riesgo que esto conlleva. El episodio dura como máximo 30 minutos, volviendo después a la cama y seguir posteriormente con sueño profundo. Hacia los 20 años suele desaparecer sin ninguna intervención terepéutica. No precisan tratamiento salvo en aquellas situaciones que suponga un estrés familiar, cuando se autolesionen o cuando interfiera con su rendimiento en estado de vigilia.
Somniloquia: frecuentemente se asocia a sonambulismo. Se pronuncian palabras o frases incoherentes, casi siempre relacionadas con vivencias del día anterior. No hay una agitación manifiesta. Desaparecen normalmente durante la pubertad.
Terrores nocturnos: también aparecen en las primeras horas de sueño al final de la fase 4 no REM. El despertar es brusco, con un grito de pánico. El niño se sienta en la cama atemorizado ansioso y con aspecto alucinado. Frecuentemente suda, está pálido, respira agitadamente y está taquicárdico. Tras unos minutos, cae abatido y se duerme tranquilamente no recordando nada al día siguiente. Es más frecuente en niños entre los 2-12 años y no se relaciona con sucesos ambientales. Se soluciona espontáneamente y no precisa tratamiento médico.
Pesadillas: son ensoñaciones en la fase de sueño REM y por tanto recordadas durante la vigilia. Son más frecuentes a partir de los dos años de edad. Se relacionan con situaciones amenazantes de películas, brujas, monstruos, ... Los pequeños no saben distinguir el sueño de la realidad con lo cual puede suponer un rechazo para irse a la cama.
C) Trastornos funcionales de la conducta del sueño: son trastornos de adormecimiento que acontecen en las siguientes situaciones:
Rechazo o negativa de irse a la cama: el niño siente miedo cuando llega la hora de irse a la cama y recurre a excusas para retrasar el momento. Se presenta entre 1-6 años. Su fundamento parece estar en la "angustia de separación" de sus seres queridos o miedo a la oscuridad. En muchas ocasiones demandan que los padres les acompañen y organicen rituales manipulando así el ambiente. Una actitud de firmeza afectiva, el acortamiento de las siestas durante el día y el mantenimiento de un horario regular al acostarse son las medidas mas adecuadas para evitarlo.
Rituales al acostarse: el niño suelo tomar algún objeto como amuleto sin el cual no puede dormir, apagar la luz, bajar las persianas, son algunas de las "manías" conocidas. Estos niños pueden llegar a ser muy tiranos con sus madres.
Práctica de buenos hábitos para que los niños adquieran un adecuado patrón de sueño
- Acostar al niño temprano, antes que esté demasiado agitado o cansado y levantarlo temprano; mantener horarios regulares tanto al acostarlo como al levantarlo.
- No apresurarse a la hora de dormir y pasar junto al niño un rato tranquilo antes y después de meterlo en la cama.
- La hora de acostarse debe convertirse en una rutina, un ritual o hábito.
- Mantener la habitación a una temperatura agradable, alrededor de 18º C.
- Asegurarse que el niño esté limpio, con ropa cómoda, sin hambre ni sed.
- Puede cantarse una nana, leerle o contarle una historia, hablarle con dulzura. No importa que entienda o no el significado de las palabras.
- Nunca ridiculizar los miedos del niño y, si los tiene, quedarse con él en la habitación un rato; puede sentirse mejor con una lamparita encendida o la puerta entornada para que pueda oír los ruidos familiares.
- Procurar que la siesta no se prolongue en exceso.
- Un baño antes de acostarle predispone a la relajación.
- Si no quiere dormir o empieza a llorar, dejarle un rato, unos minutos. En caso de no cesar, nos acercaríamos con serenidad y sin tensión a atenderle.
- No hay inconveniente en que a algunos niños nerviosos se les administre infusiones relajantes sin azúcares añadidos que se pueden encontrar en farmacias o herbolarios.
- Si se despierta por la noche, acudiremos a su demanda sin llegar a cogerlo.
¿Qué no debemos hacer para evitar trastornos en el patrón de sueño?
- Ser excesivamente rígidos con los horarios de acostarse.
- Abrigarle en exceso.
- Darle demasiados alimentos por la noche.
- Perder la paciencia si no consigue dormirse enseguida.
- Prolongar los mimos hasta el infinito.
- Convertir la cama de los padres en consuelo o premio en caso de despertarse por la noche.
Existen una serie de normas higiénicas para mejorar el sueño. Unicamente mencionar que el tratamiento farmacológico puede ser usado en última instancia en casos rebeldes, siempre supervisado por un pediatra, y cuando se hayan agotado las medidas no farmacológicas, incluidas las técnicas de terapia conductal. Existen en el mercado varias y buenas publicaciones que sería aconsejable que los padres leyeran en caso necesario pudiéndoles servir de gran ayuda.
Lecturas aconsejables: Dr. Eduard Estivill y Sylvia de Béjar. "Duérmete niño". Editorial Plaza-Janés
Características normales del sueño infantil
El sueño infantil no es un proceso uniforme y depende de la adaptación al medio, de la maduración cerebral y del aprendizaje. Se distinguen diferentes patrones de sueño en relación con la edad, que a continuación describimos:
A) El sueño fetal: no tiene relación con los ritmos circadianos de día y noche por ausencia del contacto con la luz.
B) El sueño del recién nacido y lactante hasta los tres meses: el sueño representa el 70% del tiempo de 24 horas frente al 25% del adulto, con facilidad para el adormecimiento, siendo su mayor actividad el despertarse únicamente para realizar funciones vitales o por estímulos externos que le incomodan. El sueño dura entre 16-18 horas con un ciclo sueño vigilia de 30-40 minutos. Se observan tres fases de sueño: un sueño activo en el que se producen movimientos oculares rápidos, pérdida de tono muscular y movimientos corporales fásicos, un sueño tranquilo que se caracteriza por inmovilidad, puños cerrados y aislados sobresaltos y el sueño transicional entre las dos fases, sobre todo tras el periodo activo.
Conforme se va desarrollando la corteza cerebral del niño el periodo de vigilia aumentará su porcentaje y con ello una mayor capacidad para relacionarse con su entorno. Esta interacción será determinante para la evolución posterior, de tal manera que los recién nacidos y lactantes que mantienen una situación de sueño inalterada e indiferente con cierta independencia a su cronología puede indicar que padece una encefalopatía.
Alrededor del segundo mes el sueño tranquilo comienza a tener mayor presencia apareciendo el sueño activo hacia el último tercio de la noche.
El sueño se va desplazando hacia la noche, por lo que en el tercer mes el sueño nocturno será de unas nueve horas y el diurno de cinco.
C) El sueño de los tres meses al año de vida: al final del primer trimestre de vida del lactante, periodo determinante de la estructuración del sueño posterior, se ha tenido que lograr una situación en su patrón de sueño caracterizada por:
- En el sueño activo existirán variaciones en la frecuencia respiratoria, sacudidas o breves movimientos corporales, al menos un movimiento ocular que no coincide con movimiento corporal. La primera sonrisa aparece en este sueño hacia el tercer mes.
- En el sueño tranquilo no existe más de un movimiento ocular, los ojos están cerrados, se mantiene el tono muscular, sin francas variaciones de la frecuencia respiratoria.
A partir de los seis meses se empiezan a diferenciar claramente las fases de sueño lento o no REM.
D) Evolución desde el año hasta los seis años: a diferencia del primer año de vida los cambios son más graduales, consolidándose un sueño nocturno de unas diez horas, mientras que el diurno (2-3 horas) consta de dos siestas, una a media mañana que pronto desaparece y la segunda a primera hora de la tarde que suele coincidir con la toma de alimento y que se mantendrá hasta los 5-6 años. A partir de los dos años aparecen las primeras manifestaciones de orden psíquico tales como las pesadillas y es a partir de esta época cuando comienzan los ensueños.
E) De los seis a los doce años: el sueño de un niño de 6-12 años comienza a ser semejante al del adulto. Los ensueños a estas edades se caracterizan por una participación del niño en los procesos soñados, generalmente en relación con actividades personales como las escuelas, amistades y familia, siendo influidos por la televisión y el cine.
Trastornos característicos del sueño infantil
Los trastornos del sueño junto con los alimentarios son un problema bastante frecuente en la consulta sobre todo en niños menores de 2 años de edad. Aproximadamente un 15-25% de los niños de estas edades presentan trastornos del sueño. La situación se puede presentar incluso en los bebés de pocos meses de vida y que habitualmente son nerviosos y/o producto de familias también nerviosas que le han estimulado de forma incorrecta al niño. Se pueden presentar también en niños a quienes siempre se les ha habituado a dormir con recursos tales como cogerles de la mano, mecerles vigorosamente la cuna o estar con él en la habitación hasta que se duerman.
El sueño puede experimentar cambios de gran importancia debido a su repercusión en el niño (aumento de la irritabilidad, disminución de la atención) y en el medio ambiente del entorno familiar, como separación de la pareja adulta para dormir con el hijo, acostar el hijo en la cama de los padres, o perturbar el sueño de los padres. El niño que no duerme crea a su alrededor un estado de ansiedad que se multiplica día a día de manera que los padres temen la llegada de la noche y su propia ansiedad les hace incurrir en errores y claudicaciones; su mal humor e irritabilidad revierte en el niño, lo cual aumenta su ansiedad cerrándose así el círculo vicioso.
A continuación explicaremos en qué consisten los distintos trastornos del sueño:
A) Disomnias: alteraciones en la cantidad del sueño. Se puede definir como dificultad para conciliar el sueño, insomnio, o para mantenerse despierto, hipersomnia.
El insomnio puede comenzar desde los dos años de edad en adelante. Puede ser total (el niño no duerme nada prácticamente en 24 horas) o parcial, esto último lo más frecuente considerado como un acortamiento del tiempo habitual del sueño. Las causas más frecuentes son las orgánicas como dolor de oídos secundario a otitis, dolor abdominal producido por parásitos intestinales. En ocasiones algún alimento como el cacao puede alterar el sueño. Algunos medicamentos pueden interferir el patrón de sueño. Trastornos en el ambiente del niño, escuela, familia pueden también alterar su sueño. Conductas adecuadas en los padres y la modificación de los factores anteriores conllevan a la normalización del sueño sin ser necesario intervención terapéutica.
La hipersomnia es rara en la infancia y generalmente se asocia a alteraciones del sistema nervioso central.
B) Parasomnias: alteraciones en la calidad del sueño. Se producen durante el sueño y afectan a sus diferentes fases.
Alucinaciones hipnagógicas: la palabra hipnagógica expresa una situación entre la vigilia y el sueño. Se presentan en la fase 3 y 4 del sueño profundo no REM. Son frecuentes en niños de 6-15 años. Las alucinaciones más comunes son de tipo visual o de carácter auditivo. Tienen relación con vivencias del día anterior como películas, lecturas, televisión... Por lo general no se guarda recuerdo de la misma al despertar.
Bruxismo: se caracteriza por un rechinamiento de dientes en todas las fases del sueño pero especialmente en la fase 2 del sueño no REM. Ocasionalmente es intenso y audible a distancia. Desgasta los dientes, especialmente los molares.
Mioclonias de adormecimiento: Aparecen en el momento de entrada al sueño y desaparecen en la fase profunda. Son contracturas musculares no reprimibles por el control voluntario, breves, rápidas, inesperadas, que afectan al cuerpo entero y producen sensación de caída. Si la sacudida muscular es masiva pueden llegar a despertar al niño y provocarle llanto debido al susto. Aparece de forma habitual hacia los tres años y suelen desaparecer en la adolescencia.
Ritmias del adormecimiento: se denominan también ritmias nocturnas o "jactacio capitis". Aparecen sobre todo al dormirse en fase 1 no REM, como los anteriores. Se ven a partir de los 2 años. Son movimientos de la cabeza que va y viene de un lado a otro en un niño acostado boca arriba, que a menudo acompaña a movimiento con un canturreo. Variantes de la misma son balanceo de todo el cuerpo, vaivén de delante a atrás estando el niño a gatas y que incluso golpea regularmente la cabeza contra la cabecera de la cama o mueve la propia cama hasta chocar contra la pared. Tienden a desaparecer sin más al final del 2º-3º año de vida.
Sonambulismo: ambulación nocturna, inconsciente, recidivante y no recordable que se produce durante las fases 3-4 de sueño no REM, habitualmente en el primer ciclo de la noche. El niño sin despertarse, se sienta en la cama o se levanta, pronuncia palabras incoherentes, tiene la mirada fija y los ojos abiertos, siendo difícil hablar, contactar con él o despertarle. Pueden salir de la habitación o de la casa, con el riesgo que esto conlleva. El episodio dura como máximo 30 minutos, volviendo después a la cama y seguir posteriormente con sueño profundo. Hacia los 20 años suele desaparecer sin ninguna intervención terepéutica. No precisan tratamiento salvo en aquellas situaciones que suponga un estrés familiar, cuando se autolesionen o cuando interfiera con su rendimiento en estado de vigilia.
Somniloquia: frecuentemente se asocia a sonambulismo. Se pronuncian palabras o frases incoherentes, casi siempre relacionadas con vivencias del día anterior. No hay una agitación manifiesta. Desaparecen normalmente durante la pubertad.
Terrores nocturnos: también aparecen en las primeras horas de sueño al final de la fase 4 no REM. El despertar es brusco, con un grito de pánico. El niño se sienta en la cama atemorizado ansioso y con aspecto alucinado. Frecuentemente suda, está pálido, respira agitadamente y está taquicárdico. Tras unos minutos, cae abatido y se duerme tranquilamente no recordando nada al día siguiente. Es más frecuente en niños entre los 2-12 años y no se relaciona con sucesos ambientales. Se soluciona espontáneamente y no precisa tratamiento médico.
Pesadillas: son ensoñaciones en la fase de sueño REM y por tanto recordadas durante la vigilia. Son más frecuentes a partir de los dos años de edad. Se relacionan con situaciones amenazantes de películas, brujas, monstruos, ... Los pequeños no saben distinguir el sueño de la realidad con lo cual puede suponer un rechazo para irse a la cama.
C) Trastornos funcionales de la conducta del sueño: son trastornos de adormecimiento que acontecen en las siguientes situaciones:
Rechazo o negativa de irse a la cama: el niño siente miedo cuando llega la hora de irse a la cama y recurre a excusas para retrasar el momento. Se presenta entre 1-6 años. Su fundamento parece estar en la "angustia de separación" de sus seres queridos o miedo a la oscuridad. En muchas ocasiones demandan que los padres les acompañen y organicen rituales manipulando así el ambiente. Una actitud de firmeza afectiva, el acortamiento de las siestas durante el día y el mantenimiento de un horario regular al acostarse son las medidas mas adecuadas para evitarlo.
Rituales al acostarse: el niño suelo tomar algún objeto como amuleto sin el cual no puede dormir, apagar la luz, bajar las persianas, son algunas de las "manías" conocidas. Estos niños pueden llegar a ser muy tiranos con sus madres.
Práctica de buenos hábitos para que los niños adquieran un adecuado patrón de sueño
- Acostar al niño temprano, antes que esté demasiado agitado o cansado y levantarlo temprano; mantener horarios regulares tanto al acostarlo como al levantarlo.
- No apresurarse a la hora de dormir y pasar junto al niño un rato tranquilo antes y después de meterlo en la cama.
- La hora de acostarse debe convertirse en una rutina, un ritual o hábito.
- Mantener la habitación a una temperatura agradable, alrededor de 18º C.
- Asegurarse que el niño esté limpio, con ropa cómoda, sin hambre ni sed.
- Puede cantarse una nana, leerle o contarle una historia, hablarle con dulzura. No importa que entienda o no el significado de las palabras.
- Nunca ridiculizar los miedos del niño y, si los tiene, quedarse con él en la habitación un rato; puede sentirse mejor con una lamparita encendida o la puerta entornada para que pueda oír los ruidos familiares.
- Procurar que la siesta no se prolongue en exceso.
- Un baño antes de acostarle predispone a la relajación.
- Si no quiere dormir o empieza a llorar, dejarle un rato, unos minutos. En caso de no cesar, nos acercaríamos con serenidad y sin tensión a atenderle.
- No hay inconveniente en que a algunos niños nerviosos se les administre infusiones relajantes sin azúcares añadidos que se pueden encontrar en farmacias o herbolarios.
- Si se despierta por la noche, acudiremos a su demanda sin llegar a cogerlo.
¿Qué no debemos hacer para evitar trastornos en el patrón de sueño?
- Ser excesivamente rígidos con los horarios de acostarse.
- Abrigarle en exceso.
- Darle demasiados alimentos por la noche.
- Perder la paciencia si no consigue dormirse enseguida.
- Prolongar los mimos hasta el infinito.
- Convertir la cama de los padres en consuelo o premio en caso de despertarse por la noche.
Existen una serie de normas higiénicas para mejorar el sueño. Unicamente mencionar que el tratamiento farmacológico puede ser usado en última instancia en casos rebeldes, siempre supervisado por un pediatra, y cuando se hayan agotado las medidas no farmacológicas, incluidas las técnicas de terapia conductal. Existen en el mercado varias y buenas publicaciones que sería aconsejable que los padres leyeran en caso necesario pudiéndoles servir de gran ayuda.
Lecturas aconsejables: Dr. Eduard Estivill y Sylvia de Béjar. "Duérmete niño". Editorial Plaza-Janés
Características normales del sueño infantil
El sueño infantil no es un proceso uniforme y depende de la adaptación al medio, de la maduración cerebral y del aprendizaje. Se distinguen diferentes patrones de sueño en relación con la edad, que a continuación describimos:
A) El sueño fetal: no tiene relación con los ritmos circadianos de día y noche por ausencia del contacto con la luz.
B) El sueño del recién nacido y lactante hasta los tres meses: el sueño representa el 70% del tiempo de 24 horas frente al 25% del adulto, con facilidad para el adormecimiento, siendo su mayor actividad el despertarse únicamente para realizar funciones vitales o por estímulos externos que le incomodan. El sueño dura entre 16-18 horas con un ciclo sueño vigilia de 30-40 minutos. Se observan tres fases de sueño: un sueño activo en el que se producen movimientos oculares rápidos, pérdida de tono muscular y movimientos corporales fásicos, un sueño tranquilo que se caracteriza por inmovilidad, puños cerrados y aislados sobresaltos y el sueño transicional entre las dos fases, sobre todo tras el periodo activo.
Conforme se va desarrollando la corteza cerebral del niño el periodo de vigilia aumentará su porcentaje y con ello una mayor capacidad para relacionarse con su entorno. Esta interacción será determinante para la evolución posterior, de tal manera que los recién nacidos y lactantes que mantienen una situación de sueño inalterada e indiferente con cierta independencia a su cronología puede indicar que padece una encefalopatía.
Alrededor del segundo mes el sueño tranquilo comienza a tener mayor presencia apareciendo el sueño activo hacia el último tercio de la noche.
El sueño se va desplazando hacia la noche, por lo que en el tercer mes el sueño nocturno será de unas nueve horas y el diurno de cinco.
C) El sueño de los tres meses al año de vida: al final del primer trimestre de vida del lactante, periodo determinante de la estructuración del sueño posterior, se ha tenido que lograr una situación en su patrón de sueño caracterizada por:
- En el sueño activo existirán variaciones en la frecuencia respiratoria, sacudidas o breves movimientos corporales, al menos un movimiento ocular que no coincide con movimiento corporal. La primera sonrisa aparece en este sueño hacia el tercer mes.
- En el sueño tranquilo no existe más de un movimiento ocular, los ojos están cerrados, se mantiene el tono muscular, sin francas variaciones de la frecuencia respiratoria.
A partir de los seis meses se empiezan a diferenciar claramente las fases de sueño lento o no REM.
D) Evolución desde el año hasta los seis años: a diferencia del primer año de vida los cambios son más graduales, consolidándose un sueño nocturno de unas diez horas, mientras que el diurno (2-3 horas) consta de dos siestas, una a media mañana que pronto desaparece y la segunda a primera hora de la tarde que suele coincidir con la toma de alimento y que se mantendrá hasta los 5-6 años. A partir de los dos años aparecen las primeras manifestaciones de orden psíquico tales como las pesadillas y es a partir de esta época cuando comienzan los ensueños.
E) De los seis a los doce años: el sueño de un niño de 6-12 años comienza a ser semejante al del adulto. Los ensueños a estas edades se caracterizan por una participación del niño en los procesos soñados, generalmente en relación con actividades personales como las escuelas, amistades y familia, siendo influidos por la televisión y el cine.
Trastornos característicos del sueño infantil
Los trastornos del sueño junto con los alimentarios son un problema bastante frecuente en la consulta sobre todo en niños menores de 2 años de edad. Aproximadamente un 15-25% de los niños de estas edades presentan trastornos del sueño. La situación se puede presentar incluso en los bebés de pocos meses de vida y que habitualmente son nerviosos y/o producto de familias también nerviosas que le han estimulado de forma incorrecta al niño. Se pueden presentar también en niños a quienes siempre se les ha habituado a dormir con recursos tales como cogerles de la mano, mecerles vigorosamente la cuna o estar con él en la habitación hasta que se duerman.
El sueño puede experimentar cambios de gran importancia debido a su repercusión en el niño (aumento de la irritabilidad, disminución de la atención) y en el medio ambiente del entorno familiar, como separación de la pareja adulta para dormir con el hijo, acostar el hijo en la cama de los padres, o perturbar el sueño de los padres. El niño que no duerme crea a su alrededor un estado de ansiedad que se multiplica día a día de manera que los padres temen la llegada de la noche y su propia ansiedad les hace incurrir en errores y claudicaciones; su mal humor e irritabilidad revierte en el niño, lo cual aumenta su ansiedad cerrándose así el círculo vicioso.
A continuación explicaremos en qué consisten los distintos trastornos del sueño:
A) Disomnias: alteraciones en la cantidad del sueño. Se puede definir como dificultad para conciliar el sueño, insomnio, o para mantenerse despierto, hipersomnia.
El insomnio puede comenzar desde los dos años de edad en adelante. Puede ser total (el niño no duerme nada prácticamente en 24 horas) o parcial, esto último lo más frecuente considerado como un acortamiento del tiempo habitual del sueño. Las causas más frecuentes son las orgánicas como dolor de oídos secundario a otitis, dolor abdominal producido por parásitos intestinales. En ocasiones algún alimento como el cacao puede alterar el sueño. Algunos medicamentos pueden interferir el patrón de sueño. Trastornos en el ambiente del niño, escuela, familia pueden también alterar su sueño. Conductas adecuadas en los padres y la modificación de los factores anteriores conllevan a la normalización del sueño sin ser necesario intervención terapéutica.
La hipersomnia es rara en la infancia y generalmente se asocia a alteraciones del sistema nervioso central.
B) Parasomnias: alteraciones en la calidad del sueño. Se producen durante el sueño y afectan a sus diferentes fases.
Alucinaciones hipnagógicas: la palabra hipnagógica expresa una situación entre la vigilia y el sueño. Se presentan en la fase 3 y 4 del sueño profundo no REM. Son frecuentes en niños de 6-15 años. Las alucinaciones más comunes son de tipo visual o de carácter auditivo. Tienen relación con vivencias del día anterior como películas, lecturas, televisión... Por lo general no se guarda recuerdo de la misma al despertar.
Bruxismo: se caracteriza por un rechinamiento de dientes en todas las fases del sueño pero especialmente en la fase 2 del sueño no REM. Ocasionalmente es intenso y audible a distancia. Desgasta los dientes, especialmente los molares.
Mioclonias de adormecimiento: Aparecen en el momento de entrada al sueño y desaparecen en la fase profunda. Son contracturas musculares no reprimibles por el control voluntario, breves, rápidas, inesperadas, que afectan al cuerpo entero y producen sensación de caída. Si la sacudida muscular es masiva pueden llegar a despertar al niño y provocarle llanto debido al susto. Aparece de forma habitual hacia los tres años y suelen desaparecer en la adolescencia.
Ritmias del adormecimiento: se denominan también ritmias nocturnas o "jactacio capitis". Aparecen sobre todo al dormirse en fase 1 no REM, como los anteriores. Se ven a partir de los 2 años. Son movimientos de la cabeza que va y viene de un lado a otro en un niño acostado boca arriba, que a menudo acompaña a movimiento con un canturreo. Variantes de la misma son balanceo de todo el cuerpo, vaivén de delante a atrás estando el niño a gatas y que incluso golpea regularmente la cabeza contra la cabecera de la cama o mueve la propia cama hasta chocar contra la pared. Tienden a desaparecer sin más al final del 2º-3º año de vida.
Sonambulismo: ambulación nocturna, inconsciente, recidivante y no recordable que se produce durante las fases 3-4 de sueño no REM, habitualmente en el primer ciclo de la noche. El niño sin despertarse, se sienta en la cama o se levanta, pronuncia palabras incoherentes, tiene la mirada fija y los ojos abiertos, siendo difícil hablar, contactar con él o despertarle. Pueden salir de la habitación o de la casa, con el riesgo que esto conlleva. El episodio dura como máximo 30 minutos, volviendo después a la cama y seguir posteriormente con sueño profundo. Hacia los 20 años suele desaparecer sin ninguna intervención terepéutica. No precisan tratamiento salvo en aquellas situaciones que suponga un estrés familiar, cuando se autolesionen o cuando interfiera con su rendimiento en estado de vigilia.
Somniloquia: frecuentemente se asocia a sonambulismo. Se pronuncian palabras o frases incoherentes, casi siempre relacionadas con vivencias del día anterior. No hay una agitación manifiesta. Desaparecen normalmente durante la pubertad.
Terrores nocturnos: también aparecen en las primeras horas de sueño al final de la fase 4 no REM. El despertar es brusco, con un grito de pánico. El niño se sienta en la cama atemorizado ansioso y con aspecto alucinado. Frecuentemente suda, está pálido, respira agitadamente y está taquicárdico. Tras unos minutos, cae abatido y se duerme tranquilamente no recordando nada al día siguiente. Es más frecuente en niños entre los 2-12 años y no se

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